Wednesday, April 13, 2011

OMNIPRESENCIA OLVIDADA



















1 Había cierto hombre llamado Ananías quien, junto con su esposa, Safira, vendió una propiedad; 2 y llevó sólo una parte del dinero a los apóstoles pero afirmó que era la suma total de la venta. Con el consentimiento de su esposa, se quedó con el resto.

3 Entonces Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás llenara tu corazón? Le mentiste al Espíritu Santo y te quedaste con una parte del dinero. 4 La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!».

5 En cuanto Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y murió. Todos los que se enteraron de lo sucedido quedaron aterrados. 6 Después unos muchachos se levantaron, lo envolvieron en una sábana, lo sacaron y lo enterraron.

Libro de Los Hechos, capítulo 5 (Nueva Traducción Viviente)


En este pasaje vemos el destino sufrido por dos personas que pretendieron engañar a Dios, tal vez ellos no conocían que uno de los atributos de nuestro creador es la omnipresencia.


Me gusta la definición que la Real Academia Española le da a la palabra “Omnipresencia”: “Presencia a la vez en todas partes, en realidad condición solo de Dios”.


A través del profeta Jeremías Dios advierte que Él está en todas partes, que no hay lugar sobre la tierra ni escondite debajo de ella en donde podamos hacer cosas que Él no conozca:


“¿Soy acaso Dios sólo de cerca? —dice el Señor—, no, al mismo tiempo estoy lejos. ¿Puede alguien esconderse de mí en algún lugar secreto? ¿Acaso no estoy en todas partes en los cielos y en la tierra?, dice el Señor”. (Jeremías 23:23-24)


El salmista expresa perfectamente lo que significa ser omnipresente:


“¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú. Si cabalgo sobre las alas de la mañana, si habito junto a los océanos más lejanos, aun allí me guiará tu mano y me sostendrá tu fuerza. Podría pedirle a la oscuridad que me ocultara, y a la luz que me rodea, que se convierta en noche; pero ni siquiera en la oscuridad puedo esconderme de ti. Para ti, la noche es tan brillante como el día. La oscuridad y la luz son lo mismo para ti”. Salmos 139:7-12


ALGUNOS ARGUMENTOS USADOS PARA NO RECONOCER LA OMNIPRESENCIA DE DIOS:


1) Yo no sabía que Dios me estaba viendo”: uno de los alegatos que pudiesen soportar de alguna manera nuestras acciones es decir que no sabíamos que Dios estaba observando. Pero definitivamente ese no será nuestro caso a partir de ahora.


“Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”.(Gn 28.16-17)


2) Dios solo vigila lo que hacen los que no son cristianos”: un gran error pensar que por el hecho de aceptar a Jesús en nuestros corazones estamos exentos de cometer errores y de ser disciplinados por el Señor.


“Los ojos del Señor están en todo lugar, vigilando tanto a los malos como a los buenos” (Prov15:3)


3) No le hago daño a nadie”: hay algunas acciones que parecieran ser insignificantes, como por ejemplo: copiarse en un examen ó tomar cosas ajenas sin pedir permiso (tal vez una bebida de un refrigerador que no es el mío u objetos del escritorio de otra persona). Estos dos casos en particular se ven cada vez con más frecuencia, quizás por la creencia de que hay pecados más graves, pero lo cierto es que si nos vamos a la definición de “mentir” y “hurtar”, los dos casos anteriormente expuestos cuadran perfectamente con la descripción.


Cuando escribo en un examen algo que no sé y que la respuesta la estoy recibiendo del compañero contiguo ó de un recurso no autorizado por mis profesores, yo estoy haciéndome a mí mismo un mentiroso. Cuando me acerco al profesor y le entrego el examen estoy certificando que todo lo que allí está escrito proviene de mis estudios previos a la prueba, doy fe de que las respuestas provienen de mi propio conocimiento.


Cuando estoy en un lugar que no es mi casa, en donde no hay posesiones personales, y sin pedir permiso al dueño tomo algo. ¿Cómo nos haríamos llamar?


“Si son fieles en las cosas pequeñas, serán fieles en las grandes; pero si son deshonestos en las cosas pequeñas, no actuarán con honradez en las responsabilidades más grandes. Entonces, si no son confiables con las riquezas mundanas, ¿quién les confiará las verdaderas riquezas del cielo?; y si no son fieles con las cosas de otras personas, ¿por qué se les debería confiar lo que es de ustedes?” (Lucas 16:10-12)


4) Nadie me ve, nadie me oye”: tal vez a los ojos humanos hagamos cosas imperceptibles, pero Dios, en su tiempo perfecto saca todo a la luz.


“Pues todo lo secreto tarde o temprano se descubrirá, y todo lo oculto saldrá a la luz y se dará a conocer a todos” (Lucas 8:17)


Para finalizar, podemos comenzar el proceso de cambio imitando al salmista en esta oración:


23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. 24 Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna” (Salmos 139:23-24)


Itala D´Ambrosio S.

(Devotional 12Apr2011)

www.dambrosioitala.blogspot.com

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