Monday, April 11, 2011

"Mujer, he ahí a tu hijo"..."He ahí a tu madre"

Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” Jn 19.25-27

Tercera Palabra de Jesús en la Cruz

Esta es la tercera frase que se registra en la Biblia: ´Mujer, he ahí tu hijo´…´He ahí tu madre´. Es importante recordar que Jesús estaba aún padeciendo el terrible dolor de las torturas previas, las profecías reflejadas en el libro de Isaías estaban siendo cumplidas a cabalidad. A su alrededor lo se veían soldados echando suertes por sus ropas, otro crucificado tentándolo a demostrarle que era el Hijo de Dios, sacerdotes y el pueblo a quien el mismo le predicó burlándose de su majestad, discípulos atemorizados, en fin, gran cantidad de gente infiel e ilimitada en crueldad a su alrededor.

Seguramente cualquier ser humano se hubiese concentrado en esa imagen, pero Jesús, siendo también Dios, pudo ver más allá, pudo enfocarse en lo bueno, en lo que realmente valía la pena ocuparse: sus siervos fieles y valientes: María y Juan.

En algunos comentarios que he tenido la oportunidad de escudriñar, he notado algo de sorpresa acerca del hecho de que Jesús se haya dirigido a María como “mujer” (ó “apreciada mujer” según la NTV) y no como “madre”. Otros opinan que en ese momento Jesús hablaba como Dios y no como hombre. Sin embargo, tomando en cuenta las circunstancias extremas a las cuales fue sometido nuestro Señor al instante en que se dirigió a María y a Juan, pienso que Jesús se manifestó como ambos, Dios y hombre.


De la misma manera que Jesús habló como Dios, como el mesías, cuando dijo “hoy estarás conmigo en el paraíso”, así mismo habló a esos dos seres amados que demostraron su devoción al estar allí. Jesús se expresó como Dios al dirigirse a María como una de sus más obedientes siervas, dándole una última instrucción de vincularse a su discípulo amado, y dirigiéndose a éste también para establecer Su voluntad.


Por otro lado, es innegable su reacción como hombre, en donde pone de manifiesto el amor inmutable por la mujer que acepto el reto de traerlo al mundo y asumir la responsabilidad de proteger y criar al Hijo de Dios. Ni siquiera en medio de tanto sufrimiento Jesús deja a un lado a la familia, no olvida honrar a aquella mujer que llamó madre durante tantos años y quien ahora, a los pies de la cruz, sufría junto con Él. Y quién mejor para consolarla y cuidarla que su mejor amigo, ese hombre fiel en las buenas y en las malas, el único de sus discípulos que se mantuvo firme y valiente cerca de su líder, su amigo, su Dios.


Nuestro salvador definitivamente fue Dios hecho hombre:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses 2.5-8)


Hay dos valores en los cuales quisiera enfocarme en este tema:

1. El valor de la familia.

2. El valor de la amistad.


1. EL VALOR DE LA FAMILIA:

Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da” Dt 5.16 (Ex 20.12)

Jesús como hombre, en todo momento estuvo pendiente de la que fue su familia terrenal, tal vez al momento de Su crucifixión José (el que ejerció el rol de padre terrenal) había muerto, quizás se dio cuenta de que sus hermanos no podrían cuidarla como lo haría Juan, esto es algo que no se narra en la Palabra, pero de lo que podemos estar absolutamente seguros es que Jesús honró a su madre y a su padre, que ni siquiera en el peor momento de su vida los desamparó.

El ser humano tiende a ser egoísta, cuando atravesamos por circunstancias que a nuestro parecer son determinantes para nuestro futuro, dejamos todo a un lado y nos avocamos a resolver nuestro problema. Olvidamos que nuestras acciones también afectan a aquellos más cercanos a nosotros. Todo lo que hagamos, sea bueno o malo, influye en la vida de nuestros seres queridos, positiva ó negativamente.

Dios está interesado en que la familia permanezca unida, bajo su cobertura, obedientes a Su voluntad.

Dios es un Dios de orden, piensa en absolutamente todo, aún en lo que no pedimos, incluso en lo que creemos que no necesitamos. Por eso es importante que nuestros ojos espirituales sean abiertos y mantener la disposición a ser obedientes.

Tal vez María tuvo que vivir un proceso de adaptación, quizás algunas cosas de su nueva casa no le gustaban, pero ella aceptó la autoridad de Jesús como la mejor opción para su vida.

El valor de las palabras “autoridad, obediencia, respeto” es algo que, desafortunadamente se ha ido perdiendo dentro de gran parte de las familias auto-denominadas “modernas”.

El núcleo familiar que a Dios le agrada es aquel en donde encontramos a Jesús como centro de su relación, un hogar en donde los padres ejercen su autoridad con discernimiento y sabiduría, unos hijos con carácter humilde y obediente, escuderos de sus padres. En armonía con la Palabra de Dios, unidos en oración y acción de gracias.

Dios ha colocado en las manos de los padres la vida de pequeños para ser formados a su imagen y semejanza, y llegado el momento, la vida de estos padres será colocada en las manos de estos hijos. Todos tenemos una responsabilidad delante de Dios y de nuestros seres amados.

Lamentablemente, es mucho más fácil olvidar lo que Dios coloca en nuestras manos (familia, iglesia, amigos, trabajo), que lo que nosotros colocamos en las suyas (sueños, ambiciones, deseos, metas).


La probabilidad de que tengamos una lista de peticiones es mayor a la probabilidad que hagamos una lista de las cosas por las cuales darle gracias.


2. EL VALOR DE LA AMISTAD:


Con una gran bendición viene una gran responsabilidad. Juan tomó el riesgo de estar a los pies de la cruz, fue el único discípulo que le dijo no al temor, por lo cual el Señor vio en él al mejor sustituto para encargarle a la persona más preciada, su madre, y creo firmemente que con ese encargo también recibió mayor gracia y sabiduría, una nueva unción que lo llevó a una comunicación más cercana con el Espíritu Santo, siéndole revelado posteriormente todo lo que habría de venir y que está recopilado en el libro de Apocalipsis. Juan habla acerca del amor de Dios como ningún otro y fue el único discípulo que murió anciano, sin ser torturado, sin sufrir una muerte violenta.

Una vez que le demostramos fidelidad, Jesús nos coloca como sus sustitutos aquí en la tierra y nos encarga su gente, su casa, su ministerio, sus dones y talentos.

Si usted supiera que hoy mismo parte con el Señor, ¿A quién le pediría que vele por su familia? ¿Con quién hablaría para que se haga cargo de sus bienes, sus proyectos? ¿A quién escogería confiadamente?


En caso contrario, ¿Cree usted que alguien cercano a usted lo escogería? ¿Su líder le confiaría su casa, su familia, sus metas? Cual sea la respuesta pregúntese también: ¿Por qué?


¿Qué ocurre con los otros a quienes no se les otorga esa confianza especial?:


En la Biblia vemos dos situaciones en las que se refleja tensión, unos por pedir una preferencia que no merecían y otros por manifestar preocupación por la cercanía de Jesús al discípulo amado:

35Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.36El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” Mr 10.35-38

41Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. 42Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos”. Mr 10:41-44

Jacobo y Juan no entendían en ese mundo la clase de reino de la que Jesús hablaba, ellos esperaban ser colocados en lugares de honor, por encima de los demás, sin haber hecho el menor esfuerzo. Enseguida vemos el desagrado del resto de los discípulos.

¿Cuántas veces no hemos querido obtener cosas sin hacer el debido esfuerzo para merecerlas?

Muchas veces pretendemos poseer la tierra prometida pensando como los antiguos “Dios me sacó de allá para acá, así que me tiene que proveer como sea”. Y realmente a Dios no le agrada esa actitud.

Aquí también notamos el cambio radical que tuvo la vida de Juan en comparación al hombre que estuvo al lado de María y a los pies de Cristo. O sea que, SI SE PUEDE!

20Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? 22Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”Jn 21.20-23


El trato especial del Señor hacia Juan causó cierta incomodidad en Pedro y tal vez otros discípulos, lamentablemente esa es la reacción más común en el ser humano, nos hacemos la pregunta retórica ¿Por qué él y no yo? Antes de reconocer que esa persona tiene una especial dedicación, interés, un valor agregado que a quien se hace la pregunta seguramente me falta.


Biblia Del Diario Vivir comenta: Jn 21.21

21.21,22 Pedro preguntó a Jesús cómo moriría Juan. Jesús le contestó que no debía preocuparse por eso. Tendemos a comparar nuestra vida con otros, sea para racionalizar nuestro nivel de devoción a Cristo o para cuestionar la justicia de Dios. Jesús nos contesta en la forma que lo hizo a Pedro: «¿Qué a ti? ¡Sígueme tú!» 21.23 La tradición dice que Juan, luego de pasar varios años exiliado en la isla de Patmos, volvió a Éfeso, donde murió a una edad muy avanzada, al final del primer siglo.


Hoy en día, vivimos en un mundo en donde, subliminalmente, nos hace depender de muchas cosas. Por ejemplo, internet. Personalmente, cuando hay problemas de conexión comienzo a preocuparme y a dar vueltas como un trompo pensando las miles de cosas que tengo en el correo electrónico y no he bajado al computador, confiando en esa conexión permanente.


Cada vez que nos subimos a un vehículo manejado por otra persona confiamos en que nada nos pasará, incluso si no la conocemos (transporte público), y aún así vamos confiados.


Pero cuando se nos habla de colocar nuestra confianza en el Señor allí dudamos. Pero Él no escatimó en confiar en nosotros, colocó su vida en nuestras manos, y ahora nos pide que nos acerquemos a Él para confiarnos mayores cosas.

Dios les bendiga!

Itala D´Ambrosio Silva

www.dambrosioitala.blogpot.com

25/03/2011

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