Thursday, February 11, 2010

¡Quítate de delante de mí, Satanás! – Parte I

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”. (Mat 16:21-23)

La primera vez que leí este pasaje lo primero que cruzó por mi mente fue “Señor, que duras palabras! pobre Pedro!”. Luego entendí que actitudes extremas ameritan correcciones extremas. Pedro, quien acababa de ser honrado nada más y nada menos que con las llaves de los cielos, ahora estaba siendo usado por el enemigo para persuadir a Jesús de no completar el propósito por el cual estaba en medio nuestro.

Esta situación trajo algunas interrogantes a mi mente:

¿En qué momento pasamos de ser Hijos de Dios para ser llamados Satanás?
¿Durante cuánto tiempo y con qué frecuencia adquirimos ese apodo?
¿Cuándo tomamos el lugar del enemigo?

Lo tomamos cuando:

1) Nos dejamos engañar (temor, dudas, frustración, rebelión, orgullo, auto-compasión, auto-suficiencia, etc.)

“Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Gen 1:13)

“porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató”. (Rom 7:11)

2) Nos dejamos usar (incitando a otros a seguirnos en desobediencia, rebelión, inmoralidad sexual, traición, murmuración, etc.)

“Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;” (Luc 22:3)

“Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel” (1Cro 21:1)

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?” Hec 5:3

Nuestra tendencia natural es asignarle toda la culpa de nuestras malas acciones al enemigo, a aquel llamado satanás, diablo, serpiente, padre de mentiras, acusador, entre otros nombres que se mencionan en la Biblia (en la parte II estaremos ahondando más sobre este tema), pero lo cierto es que el enemigo no entra si nosotros mismos no colocamos nuestras hermosas e inocentes manos en la perilla de la puerta y le damos vuelta. En el libro “Sé libre” Mary Jo Clouse dice: “Es importante comprender que los demonios no pueden entrar a voluntad; deben tener un derecho legal o una puerta de oportunidad”.

Cuando Jesús le dice a Pedro “Satanás” se refería a dos cosas:

1) Estaba reprendiendo al enemigo, quien obviamente estaba seduciendo a Pedro en ese momento.

2) Estaba advirtiéndole a Pedro del peligro en el que se encontraba de ser no solo engañado sino usado por el adversario. Un llamado de atención a velar.

Lo segundo que el Señor Jesús le dice a Pedro, luego de reprenderlo, es: “porque me eres tropiezo”. Cuando somos engañados y usados por el padre de las mentiras lamentablemente nos convertimos en piedra de tropiezo para nosotros mismos y para las personas que están a nuestro alrededor. Veamos lo que dice la Biblia a este respecto:

“Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos”. (Lc 17:1)


Qué nos recomienda la Palabra de Dios:

1) Toma la decisión de ser de bendición:
“Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”. (Rom 14:13)

2) Apártate de aquel que no acepta corrección:
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Rom 16:17)

3) Pide al Señor discernimiento para edificación de los que te rodean:
“Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1Cor 8:13)

4) Valora tu ministerio:
“No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado” (2Cor 6:3)

5) Mantente en la presencia de Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo:
“El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo”. (1Jn 2:10)

Quiero concluir dejándote una palabra de ánimo, porque el Señor también dice en su Palabra que si tropezamos Él nos levantará y no solo eso sino que, si permanecemos en Él, Él hará tropezar a nuestros enemigos:

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron”. (Sal 27:1-2)


Dios te bendiga!
By Itala D´Ambrosio
www.dambrosioitala.blogspot.com

2 comments:

Anonymous said...

EXCELENT!!!

Unknown said...

Que Bendicion flaca Gracias por retomar tus dones y bendecirnos