
Zacarías 7:1-12
Zacarías, como Jeremías y Ezequiel, era un profeta y sacerdote. Comenzó a predicar en el octavo mes del 520 A.C. entre los judíos que habían vuelto del cautiverio en Babilonia. Esta vez Dios les llama la atención acerca de la clase de ayuno que habían estado haciendo durante los últimos 70 años, el cual se había convertido en una tradición ceremonial en lugar de un acto sincero de adoración que debía conducir a la búsqueda de su presencia y a la renovación de corazón y pensamiento.
Una exhortación bastante similar fue dada por el profeta Isaías alrededor de 200 años antes (Isa 58) y otra dada por el mismo Jesús cuando confrontó a los Fariseos por su comportamiento hipócrita durante el ayuno (Mt 6:16).
El ayuno no es un simple ritual hecho por imposición durante un lapso de horas o días, por el contrario, representa un profundo deseo de adorar a Dios y buscar de su presencia.
Estoy absolutamente convencida que el ayuno y la oración en grupos es una herramienta de gran alcance la cuál el Señor ha puesto en nuestras manos. Por esta razón quisiera concluir con lo siguiente:
La razón principal del ayuno es buscar la presencia del Dios, sus bendiciones vendrán seguidamente, tal y como él lo ha prometido (Zec 8).
Así pues, el ayuno que he elegido es:
- Una ofrenda para el Señor que no debilita mi cuerpo, mas fortalece mi alma y espíritu.
- Una adoración sincera que no pesa, mas me libera de cualquier carga.
- Un ayuno que me humilla delante de Él y complementa mis buenas obras hacia el prójimo.
- Una decisión que trae a mi vida gozo y alegría.
Ésa es la clase de ayuno que yo elegí.
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán para la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.” Zac 8:19
Dios te bendiga